Peña Luarquesa “La Victoria”
Luarca, años ochenta. Un equipo plagado de jugadores locales, sacando la cabeza en Regional Preferente y volviendo a la 3ª división. Una villa en pleno apogeo con negocios boyantes que apoyaba, seguía y vibraba a su equipo por los históricos campos de los mejores clubes de Asturias.
El ambiente futbolero del Luarca C.F. se respiraba en los bares (El Caracas, La Victoria, El Trébol, El Avenida, El Gijón, etc), y en los restaurantes luarqueses. Un grupo de socios y espectadores habituales, de los que no se perdían ni un partido en La Veigona, deciden fundar una peña para animar a su equipo.
Aquel grupo de seguidores contó con el último sastre que ha habido en Luarca, el gran Sergio Menéndez, que se encargó de hacer unas preciosas gorras rojas con uno de los escudos más bonitos que ha tenido nuestra villa.
Se fletaban autobuses para ir a animar al Luarca por toda Asturias que eran una auténtica fiesta, con banderas y pancartas que ayudaban a empujar a los equipos en los desplazamientos más difíciles.
Elisa y Gabino, recordados por su inolvidable puesto de pescados en la Plaza de Abastos. José Ramón que trabajaba en las oficinas de Talleres Higinio y su mujer Diana. Campa que trabajaba en la Banca Trelles y un largo etcétera de aficionados como Chichi, Benedicto, Chirri, Kiko el Castudo, Emilio (trabajador de Casa Gómez), Viriato (barrendero del Ayuntamiento), Lázaro de la Uz, Enrique Show, Marino el Carpintero, Tiri (Empleada en El Paralelo), Manolín Fuga (padre del Alberto, jugador del Luarca), Apolinar González (Puly), Moirón (de una familia de árbitros)…
Un Luarca C.F. con Alberto, Rodri, Toni, Juan Ramón, Mamel, Tito Luiña, Pirri, Genaro, Olegario, Susi, Novo, los hermanos Legaspe, Tereno, Miguel y tantísimos grandes jugadores que me emociona siempre recordarles.
La Peña La Victoria también merece su lugar de honor en la web del equipo para que los jóvenes aficionados de ahora conozcan un poco mejor la gran historia del conjunto, y para que los más veteranos vuelvan a reverdecer viejos laureles cuando La Veigona se llenaba para cantar los goles del equipo de nuestros amores.
